Egipto ha generado gran expectativa con la reapertura de la tumba del faraón Amenhotep III, ubicada en el Valle de los Reyes, en la ribera occidental del río Nilo. El recinto, que permaneció cerrado durante 20 años por trabajos de restauración, corresponde a uno de los gobernantes más importantes de la dinastía XVIII, cuyo reinado, entre 1387 y 1348 a. C., estuvo marcado por la prosperidad y grandes construcciones, como el Templo de Luxor.
La tumba, identificada como WV22, fue descubierta en 1799 por los ingenieros franceses Prosper Jollois y Édouard de Villiers du Terrage, durante la expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto. En aquel momento, los investigadores encontraron que la cámara funeraria ya había sido saqueada. Pese a ello, el recinto conserva pinturas murales, jeroglíficos relacionados con el Libro de los Muertos y parte de la estructura de piedra del sarcófago.
Los trabajos de recuperación estuvieron a cargo de un equipo internacional integrado por 260 especialistas, entre restauradores, investigadores y técnicos. Las labores permitieron recuperar parte del esplendor de la tumba, situada a 14 metros de profundidad, cuyas representaciones muestran al faraón junto a distintas divinidades y contienen inscripciones vinculadas con la vida eterna. La reapertura coincide con el impulso turístico y cultural generado por la inauguración del Gran Museo Egipcio.
COMPLEJO FUNERARIO
El complejo funerario cuenta con un pasadizo descendente de 36 metros que conduce a la cámara principal y conecta con dos estancias anexas, destinadas a la reina Tiy, esposa principal del faraón, y a Sitamón, hija de Amenhotep III que también fue su esposa. Sin embargo, la momia del gobernante ya no se encuentra en el recinto, pues fue trasladada en la antigüedad para protegerla y actualmente permanece en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia, en El Cairo.


