Groenlandia, la isla más grande del mundo y territorio autónomo de Dinamarca, se ha convertido en el nuevo foco de tensión geopolítica. Las advertencias desde Washington reactivaron debates sobre soberanía, seguridad en el Ártico y la capacidad de respuesta europea.
REACCIÓN POLÍTICA EUROPEA
Las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre su interés en controlar Groenlandia generaron inquietud en Europa. Trump justificó su postura al señalar que la isla es clave para contener la influencia de Rusia y China en el Ártico y evitó descartar el uso de la fuerza, lo que elevó la tensión diplomática con Dinamarca y las autoridades groenlandesas, que rechazaron cualquier intento de anexión.
Ante este escenario, solo siete países europeos —Francia, Alemania, Italia, Polonia, España, el Reino Unido y Dinamarca— alzaron su voz mediante un comunicado conjunto en el que reafirmaron que “Groenlandia pertenece a su pueblo”. La reacción, sin embargo, evidenció divisiones dentro de la Unión Europea, donde la mayoría de los Estados optó por la cautela frente a las amenazas de Washington.
REPORTES MILITARES Y DUDAS SOBRE SU VIABILIDAD
Medios como The Telegraph y Bloomberg informaron sobre conversaciones entre el Reino Unido, Alemania y Francia para desplegar una presencia militar en Groenlandia, incluso bajo una eventual misión de la OTAN. La iniciativa buscaría demostrar que Europa se toma en serio la seguridad del Ártico y responder a las presiones estadounidenses.
No obstante, expertos como Dmitri Drobnitski y Vladímir Shapoválov consideran inviable el envío de tropas terrestres por la falta de capacidades logísticas y navales. A su juicio, cualquier despliegue tendría un carácter simbólico, orientado más a la “demostración de bandera” y a retrasar un eventual acuerdo entre Washington, Copenhague y el Gobierno local, que a una defensa real del territorio.
DILEMA ESTRATÉGICO
Desde otra perspectiva, analistas como Andréi Bogodel sostienen que Estados Unidos baraja dos escenarios: comprar Groenlandia o imponer su control mediante una operación rápida, amparada en la doctrina de “paz a través de la fuerza”. El experto recuerda que Washington ya cuenta con la base espacial de Pituffik, pieza clave del sistema de defensa antimisiles estadounidense en el Ártico, lo que refuerza su presencia estratégica en la zona.
Para Europa, la situación plantea un desafío complejo. Mientras Dinamarca anunció una inversión de 2 mil millones de euros para reforzar su defensa ártica, politólogos advierten que cualquier despliegue europeo tendría un alto costo político y profundizaría la brecha transatlántica. Groenlandia, rica en recursos y estratégica para rutas marítimas y defensa, emerge así como el nuevo tablero donde se miden poder, soberanía y ambiciones globales.



