En unas horas es el primer concierto Bad Bunny a Lima y la atención de fans, creadores de contenido e influencers no solo está puesta en el repertorio del “Debí tirar más fotos World Tour”, sino en un elemento que resalta en este show masivo: “la casita”, una vivienda a escala real instalada dentro del estadio que funciona como el núcleo emocional del espectáculo y uno de los espacios más exclusivos de la gira.
Lejos de ser un simple decorado, “la casita” es una casa completamente funcional, con bar, sala, balcón, terraza y techo transitable, donde el artista se traslada durante un tramo clave del concierto. Allí permanece entre 20 y 30 minutos interpretando versiones íntimas de sus canciones, conversando y compartiendo con invitados sorpresa.
Diseñada por la arquitecta y escenógrafa puertorriqueña Mayna Magruder Ortiz, la estructura está inspirada en una vivienda real de Humacao y en los planos de una casa de Levittown, en Toa Baja, lo que convierte al espacio en un símbolo arquitectónico y cultural del último disco del artista.
UN ESCENARIO ÍNTIMO DENTRO DE UN ESPECTÁCULO MASIVO
Con 12,80 metros por largo y 3,66 metros de altura, “la casita” cuenta con tres niveles y capacidad para más de 60 personas distribuidas entre interior, balcón y techo. Sofás, televisores encendidos, cerámica local, plantas naturales y sillas de plástico recrean una atmósfera habitada, no exhibida. Los invitados no compran su acceso ni participan en sorteos: son seleccionados directamente por el equipo de Bad Bunny y han incluido a artistas, deportistas y figuras públicas de talla mundial.
Ahora, en Lima, la expectativa se concentra en quiénes serán los invitados de “la casita”, que está ubicada en uno de los extremos del escenario, dentro de la zona VIP. La producción ha sido clara: no hay venta ni concursos para ingresar, lo que ha incrementado el interés de influencers y creadores de contenido por formar parte de uno de los momentos más comentados y virales del tour del puertorriqueño.



