La captura de Nicolás Maduro ha intensificado la presión de Estados Unidos sobre Venezuela, con el secretario de Estado, Marco Rubio, como principal vocero de la nueva estrategia hacia el país caribeño. En recientes declaraciones, Rubio advirtió que Venezuela estaría perdiendo capacidad de almacenamiento de petróleo y aseguró que la Armada estadounidense tiene buques posicionados para incautar cualquier embarcación que entre o salga del territorio venezolano, en una clara señal de control y disuasión.
ESPECIALISTAS OPINAN
Analistas internacionales sostienen que Rubio no solo ejecuta la política exterior estadounidense, sino que es el principal ideólogo de la línea dura aplicada en el hemisferio. Según Andrés Gómez de la Torre, esta estrategia responde a la doctrina de la “paz por la fuerza”, impulsada por Rubio incluso antes del retorno de Donald Trump al poder, y busca recuperar de manera impositiva la influencia de Estados Unidos en lo que históricamente ha considerado su zona de influencia.
En ese contexto, Rubio también ha condicionado los procesos electorales y cualquier transición política en Venezuela al criterio de Washington. El secretario de Estado cuestionó la legitimidad de elecciones pasadas y calificó como “prematuro” hablar de nuevos comicios, mientras persiste la incertidumbre sobre cómo se administrará el Estado venezolano, marcado —según expertos— por cuotas de poder vinculadas históricamente al control del negocio petrolero.
La presión estadounidense también se extiende al ámbito político interno. Aunque la opositora María Corina Machado ha respaldado la inmediata asunción de Edmundo González, Rubio descartó esa posibilidad, alegando que la mayoría de la oposición no se encuentra dentro del país y que existen urgencias de corto plazo por resolver.


